¿Eran ciertos los mitos?


Por: David Mateus


En mayo de 2016, cuando Trump ganó la candidatura republicana para el actual periodo en la Casa Blanca, todo el mundo se preguntaba cómo iba a ser la política de seguridad internacional de Donald Trump si ganaba la Presidencia de los Estados Unidos de América.

Bueno, ganó; y entonces hay que ver cuán acertados o desacertados estaban los análisis que circulaban por distintos medios de comunicación de distintos países antes de que Trump fuera elegido presidente.

A Trump lo recordamos por sus referencias hacia México, en las que afirmaba que este país enviaba solo criminales peligrosos a los Estados Unidos, y que por ello debía pagar por el muro que Estados Unidos construiría en un eventual gobierno suyo.

En su momento, Oscar Palma, de El Nuevo Siglo, consideró posible que el discurso altanero de Trump tuviera fines únicamente electorales, y que, en caso de ser presidente, su postura se moderaría hacia conceptos mucho más razonables. Bueno, por lo que se lee de vez en cuando en las propias redes sociales de Trump, esto parece no haber sucedido. Su discurso altanero sigue vigente. Es como si no hubiera dejado de hacer campaña. 

En España, El País creyó que la política de seguridad internacional de Trump iba ser un “aislacionismo militarista”, que para ellos era básicamente lo mismo que Trump decía cuando gritaba “¡América first!”, y que consiste en dejar de intervenir como el policía del mundo en determinados conflictos, pero fortaleciendo su capacidad militar para recuperar la confianza de los aliados, que, según reportaron varios medios en su momento, el mismo Trump afirmaba que estaba debilitada, y que de hecho había sido un error intervenir en Oriente Medio pretendiendo establecer democracias, pues esas naciones no mostraban interés en ello.

Este análisis es quizás uno de los más acertados, pues hemos visto que Estados Unidos bajo Trump ha contribuido por la vía del diálogo a la estabilización de relaciones conflictivas en Asia, destacándose su positivo acercamiento a Corea del Norte, y mostrando su reticencia a intervenir en Venezuela. Por estos días, poco o nada nos llegan noticias sobre la presencia militar de Estados Unidos en Oriente Medio.

El Mundo, también español, resaltó otro par de aspectos de la política de seguridad internacional de Trump. En primer lugar, señaló que la seguridad económica de los nacionales norteamericanos iba a ser una de las prioridades de Trump, la cual iba a incidir en su política de seguridad internacional, ya que, si tenía éxito en ello, le permitiría posicionarse mundialmente como un líder exitoso. Sin embargo, esto no ha sido así, pues, aunque la tasa de desempleo en Estados Unidos se ubica en el 3.6%, esto no le ha permitido a Trump posicionarse como un ejemplo a seguir, y menos en Latinoamérica y Europa, en donde los electores continúan con interés de explorar las agendas progresistas.

El segundo aspecto que señaló El Mundo, se expresa con la frase “la guerra no es mi primer instinto”, dicha por Trump, y que destaca que fue crítico frente a las guerras en Irak y Libia. Incluso el New York Times fue más allá, y citó a Trump proclamando que él quería la paz, y que a Estados Unidos le gustaba que sus enemigos se volvieran sus amigos y que sus amigos se convirtieran en sus aliados.

Hay que decir que hasta el momento es evidente que, bajo Trump, Estados Unidos no ha salido con el mazo, sino que ha sabido generar concesos en regiones conflictivas. Punto para Trump.

Walid Phares, quien fue asesor de campaña de Trump en materia de seguridad internacional, afirmó para la DW, que, al llegar a la presidencia, el objetivo iba a ser replantear el papel de Estados Unidos en la OTAN, particularmente con respecto a los aportes, pues Trump creía que Estados Unidos estaba poniendo mucho dinero, mientras que los otros miembros no estaban dando tanto como deberían.

Pues parece haberlo logrado, ya que los socios de la OTAN se han comprometido a aumentar sus aportes, lo que le ha permitido a Trump “cobrar ese cheque” diciendo que desde que él es presidente la OTAN es más fuerte, y proponiendo también el ingreso de Brasil, aliado estratégico de Estados Unidos, a la OTAN.

Sobre Rusia, es probable que la relación siempre tenga niveles importantes de tensión, como es propio de dos competidores fuertes. Al respecto, publicaciones como el New York Times y el Huffington Post, pusieron en conocimiento que para Trump lo más importante frente a este país era tener relaciones de poder, fuerza y respeto mutuo, ya que por mostrar debilidad Rusia había dejado de respetar a los Estados Unidos.

Actualmente Venezuela es uno de los escenarios en los cuales se evidencia esa relación de poder, fuerza y respeto mutuo entre Estados Unidos y Rusia. Recientemente se han conocido informaciones de medios internacionales, que apuntan a que las acciones militares de Estados Unidos y Rusia sobre Venezuela no son más que una cortina de humo para tapar una negociación económica entre ambas potencias por los activos de ese país.   

Como se puede ver, muchas son las cosas que se dicen de un candidato cuando está en campaña, y muchas son las cosas que se dicen de un gobernante cuando hay crisis, pero si hay algo que podemos rescatar de Trump, es que siendo presidente es el mismo que fue durante su campaña. Quizás ha modificado alguna que otra cosa, pero su esencia sigue siendo la misma, y sus acciones y resultados avalan esa coherencia. Que haya contradictores internos y externos ya es otra historia.

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