Lo de Guatemala y su nuevo Presidente no es tan “Cómico”

¿Resulta increíble escuchar o leer la noticia de que un actor cómico se convierta en la primera autoridad de una nación? No es imposible, pero si poco probable y sin duda llama la atrenciòn, aunque la situación actual de Guatemala no esté para comedias, sino mas bien pinta como una potencial tragedia; la llegada de Jimmy Morales se convierte en un aliciente de renovación, en un mensaje colectivo desde y para un país donde la ciudadanía con su voto le dio un grito de: Fuera! a los políticos tradicionales.

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Con el 68,5% de los votos, el humorista Morales fue elegido presidente de este país limítrofe con México, Honduras, El Salvador y Belice.  Una muestra fehaciente de descontento y decepción de parte del pueblo que parece un sentimiento unánime de la opinión pública en Hispanoamerica, contra la forma tradicional de ver la política.

Más que por Jimmy, la gente votó por la antipolítica, por aquello que les representaba todo lo contrario al sistema actual, infestado de corrupción y escándalos, entre los cuales resalta lo sucedido con el ex presidente Otto Pérez, antecesor de Morales, encarcelado por soborno y reconocido por saqueo, clientelismo y una administración plagada de irregularidades y que deja la administración pública de este país centroamericano, lastimada por muchos años.

Morales es un cómico de 46 años, conservador sumamente religioso, está obligado a recuperar la credibilidad del pueblo por el Estado guatemalteco y, en este sentido, Morales concentró su campaña en atraer el voto de castigo, estrategia que le dio fruto y que lo llevó a superar a su contendora Sandra Torres, ex primera dama que sólo alcanzó el 33% de los votos.

Sin suficiente respaldo en el Parlamento, ya que su partido sólo tiene el 7% de los escaños, Morales debe sobreponerse a su inexperiencia política y a su falta de estructura y formación en los temas de gobierno, para coger las riendas de una Guatemala desgastada, que no da más. El reto, entonces, está ahí, en no volverse uno más del sistema y en devolverle la esperanza a un pueblo que tiene hambre, no sólo porque la mitad de su población infantil sufre de desnutrición, sino también porque la corrupción los ha privado de la buena administración que tanto necesitan.

Adicional a los problemas de su propio país, el nuevo presidente de Guatemal deberá palear las dificultades en materia social, de seguridad, empleo, desarrollo económico y otros factores que están afectando el crecimiento centroamericano.

 

Por: Miguel Jaramillo Luján y Sara Pérez Restrepo

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