Muerte a la Palabra de Gallero

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La palabra de gallero, como suelen llamar algunos en ciertas regiones costeras de Centroamérica y el Caribe el acto de honrar la palabra comprometida, cada vez se cumple menos cuando se trata de ceder ante ese deplorable acto de comprar o vender el voto.

“La gente recibe la teja, el tamal e incluso el dinero de varias campañas pero al final vota por quien quiere” afirma Emilse* una habitante del sur de Bolívar en Colombia, quien conoce a varios candidatos que a pesar de sus millonarias inversiones en compra de votos, han perdido más elecciones de las que su bolsillo les hubiera indicado.

Se trata de un acto criminal que va contra la dignidad de las personas, sin embargo, hay que comprender que en oportunidades las complejas situaciones de miseria e incultura política generan un entorno donde la compra y venta del voto parece convertirse en un acto corriente y tradicional que se arraiga en una cultura donde es evidente que toma una ventaja aquel que invierte en la compra pero luego llega para recuperar su inversión, asaltando el erario público y dejando aún más pobres en desarrollo y oportunidades a sus gobernados.

Según la Misión de Observación Electoral MOE, organismo colombiano que se encarga de alertar sobre este tipo de fraudes, (estadística compra de voto) con un promedio entre $50.000 (us 17) y $800.000 (us 240) en la oferta de ese mercado negro del voto que cada vez está más infiltrado por las presiones crimínales con amenazas, entrega de pruebas e incluso verificación en la urna o por parte de los jurados de votación, muchas veces cómplices de las campañas que actúan bajo este constreñimiento.

Las sanciones legales en nuestros países son variadas: en algunos casos hay cárcel, en otros sanción económica pero muchas veces lo complicado es obtener la denuncia.

Son tiempos de tamal, teja, bulto de cemento e incluso de entregar un billete partido a la mitad y cuya otra mitad te la entregan cuando demuestras que votaste por quien te envía ese billete a medias; tiempos complicados sin duda.

Sin embargo hoy se hace esperanzador que muchos no cumplan su “palabra de gallero” y reciban estos apoyos de todos los candidatos pero voten por aquel que les mueve realmente su mente o su corazón; aquel cuyas propuestas lo satisfacen.

El modelo de Estado y nuestra retrógrada forma de elegir y ser elegidos en los procesos electorales, son las principales causas de comportamientos delictivos como los que vemos a diario quienes tratamos de incorporar la ciencia a los procesos políticos, pero nos encontramos en el camino con un mundo paralelo donde pareciera no operar nada distinto a la indigna forma de ver el voto ciudadano: como un objeto que se compra o se vende sin importar las consecuencias.

Aunque suene escandaloso: bienvenida la derrota de la palabra de gallero y que cada ciudadano solo comprometa su palabra con la propia consciencia y con el deber de elegir gobiernos que nos beneficien a todos por su ejercicio trasparente y eficiente.

¡Qué muera la palabra de gallero, al menos para este caso!

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